En uno de sus múltiples escritos, la socióloga de la moda Susana Saulquin, señala una situación evidente, y que ya escritores como Bryan Turner habían podido evidenciar: la tendencia a la delgadez se impuso en la sociedad moderna, sumergida en el sistema capitalista en el que imperan el placer, la belleza, el éxito, el sexo y especialmente, la juventud como sinónimos de felicidad.
Y es en la incansable búsqueda de la juventud y la belleza femenina que nosotras las mujeres, e incluso algunos hombres, nos sometemos a cirugías plásticas, cuyos post-operatorios vienen acompañados no solo de dolor físico, sino emocional (y esto último lo digo porque recientemente lo experimenté). Pero esto ya es solamente un lugar común. Es de perogrullo que por "mejorar" nuestra apariencia física, somos capaces de someternos a lo que sea.
El término "mejorar" la apariencia física, es simplemente una forma de expresar las modificaciones a las que nos sometemos, con el objetivo de sentirnos a gusto con nuestro cuerpo. Al respecto, puedo manifestar públicamente que estaré eternamente a mi cirujano plástico por tan maravillosa y casi imperceptible obra de arte hecha nariz; igualmente lo está Caín, el hombre-diablo que incrementó su popularidad cuando salió en los especiales de "Tabú Latinoamerica" transmitidos por NatGeo.
Los dos estamos felices con nuestros aspectos físicos, pero ahora la tendencia, y lo que me llamó la atención del escrito de Susana Saulquin, es tener una "actitud juvenil". Tener una actitud juvenil hacia la vida siendo optimista, tener una actitud juvenil por medio de la ropa de moda, tener una actitud juvenil con el uso de prendas de colores que aviven la apariencia. Todo esto para lograr mostrarle al mundo, que en la vida de una mujer mayor, existe en un "descansado bienestar que da la seguridad de tomar las riendas de la propia vida".
No estoy en contra de Susana pero esta frase me perturba: "Tomar las riendas de la propia vida",(y todo gracias a la actitud juvenil de una mujer mayor), y yo creía que a mis 26 años, había tomado las riendas de mi propia vida, pero parece que, esto solo se logra cuando seas mayor y logres una apariencia juvenil.
Al final, esta actitud frente a la vida aunque patética, es poco reprochable cuando se trata simplemente de estar conformes con nosotros mismos, en la búsqueda de la felicidad todo se vale - y en todo caso conozco hombres y mujeres que a sus 40 años, son unos absolutos adolescentes mentales y son felices así-. Ser joven o parecer joven con o sin cirugías plásticas, esa es la cuestión. Piedra angular de nuestra sociedad.
Existen algunos como yo, que hubiéramos preferido vivir en las épocas en las que las arrugas y las canas eran objeto de admiración, respeto y reconocimiento social, pues como es conocido por todos, en algunas culturas antiguas (Unas cuantas existen hoy) se apreciaba la sabiduría de la gente mayor.
¿Seremos anciano-adolecentes felices? Espero que no, preferiría ser una anciana feliz por haber vivido plenamente, haber gozado cada año y cada década de la vida. En todo caso, por ahora, creo que seguiré ciegamente el consejo de mi padre: cuidarme en la juventud, para tener una vejez digna.